
Isabel Ocaña: el reloj que nunca lleva
Isabel Ocaña abre los ojos entre las seis y las seis y media, se toma un primer café y deja el trabajo fuera del teléfono. Desde Madrid, después de más de tres décadas en el sector, habla de propietarios que quieren respuestas inmediatas, edificios que envejecen, un garaje con tres sótanos inundados y la necesidad de saber cuándo bajar el cierre.







